Cosa hallada, no es hurtada



El refrán pretende disculpar a aquellos que tengan problemas de conciencia, que se plantea cuando te encuentras con un botín inesperado, con un bien que aparentemente no tiene dueño. En realidad también vale de disculpa para los amigos de lo ajeno, pero constata un cierto cuestionamiento planteado a raíz de decidir qué hacer con un bien hallado.


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